Mark Twain decía que “todas las generalizaciones son falsas, incluso esta”. Nunca me ha gustado generalizar. Atribuyen a Einstein una anécdota, según la cual, cuándo emigró a Estados Unidos huyendo del nazismo, con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fue preguntado por la situación política de Alemania y por “los alemanes”. Ante esta pregunta, afirman que contestó: “Lo siento, no puedo opinar, no conozco a todos”.

Lo cierto es que hay un montón de tópicos relativos a los modos y maneras de ser de los pueblos, generalizaciones. No hay motivo alguno para creerlos, pero como con los horóscopos, cuándo los lees, tienes la sensación de que hubiera algo de cierto, parte de acierto, quizá casual.

Llevo años dando clases en ESIC, que tiene diez campus en España, y he podido comprobar cómo hay diferentes modos de ser, de comportarse y de desarrollar las clases en las distintas sedes. Serán tópicos, serán generalizaciones, pero lo cierto es que veo que, año tras año, se reproducen los comportamientos. En Bilbao hay puntualidad y seriedad. En Pamplona, muy parecido. Cierta distancia en ambas plazas, con ambiente de cordialidad, pero sin intimidad. En Sevilla y Málaga, uno ve atmósferas parecidas, pero no idénticas: cercanía (que busca la intimidad), menos puntualidad, otro modo de abordar los temas, ni más ni menos serios, diferentes. La menor puntualidad se suple con la eficacia que aporta la relajación de formas, que no de fondo.

Hay tópicos mil veces repetidos, pero que he podido comprobar que son razonablemente ciertos. En el País Vasco, la cultura de taller, fabril, hace que la cercanía en el cara a cara, la dimensión blanda del servicio al cliente, no sea tan valorada (de hecho, se percibe como servilismo) como en Extremadura, Andalucía o Canarias, donde ser dulce en la expresión y calmo en los modales es básico. Gallegos desconfiados y ambiguos, andaluces vagos y perezosos, en general devotos; madrileños chulos (aunque acogedores) y catalanes tacaños y trabajadores. Asturianos patriotas y bebedores, cántabros orgullosos. Vascos brutos y cabezotas, tragones como los navarros, pero nobles casi siempre. Maños tercos, nobles también, que chillan al hablar. Así sucesivamente, y no conozco a todos…

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Publicado originalmente en el diario La Razón.