NUEVAS FORMAS DE HACERSE MAYOR: Explorando la nueva longevidad

En un mundo donde la expectativa de vida se ha disparado gracias a los avances médicos y
científicos, la concepción de la vejez está experimentando una transformación radical. Ya no es
una etapa definida únicamente por la fragilidad o el retiro, sino por nuevas oportunidades y
formas de vivir plenamente. Este cambio en la percepción de la vejez nos lleva a reflexionar
sobre las nuevas formas de hacerse mayor, una etapa llena de posibilidades que desafía los
estereotipos tradicionales.

La diversidad en el envejecimiento se ha vuelto más evidente que nunca. Algunas personas
eligen dedicarse por completo a la familia, encontrando satisfacción y plenitud en el núcleo
familiar. Para ellos, la esencia de su ser radica en la interacción y el calor humano que solo este
microclima familiar puede brindar. Por otro lado, hay quienes ven la jubilación como una
oportunidad para el envejecimiento activo, buscando disfrutar de la vida con una
independencia que a menudo se considera antagónica a la dedicación familiar.

El cambio en nuestra longevidad nos muestra que los 65 años de hoy no son los mismos que
hace dos décadas; los 65 de ahora son los 45 de los años 80. Esta nueva era desvincula la
longevidad de la fragilidad, destacando que muchas personas mantienen su vigor bien
entrados los 80 años. La tecnología, junto con los avances científicos en la gestión de
enfermedades crónicas y la salud preventiva, juega un papel crucial en promover una
longevidad de calidad, contribuyendo a un envejecimiento exitoso y satisfactorio.

El concepto de envejecimiento activo resalta que, aunque no es una garantía absoluta contra
los problemas de salud, sí puede significar un aumento en la calidad y cantidad de vida.
Combatir el aislamiento y vivir con alegría se convierte en una prioridad, evitando así la
existencia de personas que «sobreviven sin vivir», acumulando años sin encontrar un equilibrio
vital ni disfrutar de los placeres asociados a su edad.

Mirando hacia el futuro, el modelo de jubilación se ajusta a la realidad de una esperanza de
vida extendida, sugiriendo que la jubilación podría acercarse más a los 80 que a los 60 años.
Esto implica una evolución en el profesionalismo, donde las personas experimentarán diversas
fases vitales y profesionales, adaptándose a las cambiantes demandas de la sociedad mediante
reinventos profesionales.

La actitud con la que enfrentamos el envejecimiento también tiene un impacto significativo en
nuestra longevidad. Aquellos con una visión positiva de la vejez y una aceptación del proceso
de envejecimiento pueden disfrutar de hasta siete años adicionales de vida. Contrariamente,
vivir con amargura la pérdida de ciertas capacidades físicas puede ser la antesala de una
profecía autocumplida, donde el pesimismo hacia la vejez predispone a una experiencia
negativa.

En conclusión, las nuevas formas de hacerse mayor nos invitan a repensar la vejez como una
etapa de riqueza y diversidad, donde la actitud positiva, el envejecimiento activo y la
adaptabilidad profesional se convierten en claves para una vida larga y plena. La nueva
longevidad nos desafía a vivir cada momento con intensidad, redefiniendo lo que significa
envejecer en el siglo XXI

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